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ENTREVISTA EXCLUSIVA DE IVÁN AMBROGGIO A RAFAEL BIELSA PARA EL CURSO DE POSGRADO EN SEGURIDAD DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CÓRDOBA

Seguridad internacional y geopolítica

1. Iván Ambroggio: Usted ha sido Canciller, Embajador y observador privilegiado de la política global. ¿Cuáles considera que son hoy las principales amenazas a la seguridad internacional en el siglo XXI?

Rafael Bielsa: El orden internacional posterior a 1945 transita por un contexto de erosión acelerada que ha dado lugar al surgimiento de una «era de competencia» marcada por la fragmentación, la confrontación y la pérdida de confianza en las instituciones multilaterales. Como señala el último Munich Security Report, estamos ante una política de «bola de demolición» que prioriza el desmantelamiento de las estructuras existentes antes que las reformas graduales, en un mundo de tratos transaccionales, hegemonías regionales y creciente inseguridad. La cooperación se reduce por la fragmentación económica —expresada en guerras comerciales, sanciones, desacoplamiento tecnológico o reducción deliberada de la interdependencia en tecnologías críticas, disrupción de cadenas de suministro y proteccionismo—, que en conjunto configuran la amenaza central de la confrontación geoeconómica. Los conflictos armados interestatales y las rivalidades entre grandes potencias frenan el avance de los esfuerzos diplomáticos. Mientras tanto, aumentan las presiones regionales, estructurando gran parte de la inestabilidad global. Todo ello se ve agravado por el colapso del control de armas, en particular el nuclear: se calcula que existen unas 12.187 ojivas en el mundo. Finalmente, los ataques a infraestructuras críticas, los ciberataques potenciados por IA y las guerras híbridas completan un panorama en el que la multiplicación de las amenazas a la seguridad no está compensada por el fortalecimiento de las herramientas para administrarlas. El mundo ha entrado en una fase más volátil, con menor margen para la cooperación y mayor probabilidad de escaladas imprevistas o errores de cálculo.

2. I.A.: ¿Cómo ha cambiado el concepto de seguridad internacional desde el final de la Guerra Fría hasta la actualidad?

R.B.: Desde el final de la Guerra Fría (1989-1991) hasta la actualidad (2026), el concepto de seguridad internacional pasó de un enfoque predominantemente militar, bipolar y centrado en el Estado, a una concepción multidimensional, globalizada y humana, para luego centrarse nuevamente en la competencia entre grandes potencias, ahora complicada por nuevas tecnologías y amenazas híbridas. En consecuencia, ha experimentado una transformación profunda y multifacética. Durante la Guerra Fría, la seguridad internacional se definía casi exclusivamente en términos de disuasión nuclear, equilibrio bipolar (EE.UU. vs. URSS) y estabilidad territorial. Tras el optimismo liberal del «momento unipolar» estadounidense y el surgimiento de enfoques centrados en la seguridad humana —que desplazaron el paradigma de la «seguridad del Estado» hacia la «seguridad en y para las personas»—, los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron un punto de inflexión: se impulsó la guerra global contra el terrorismo, se produjo una explosión de amenazas transfronterizas (como la pandemia de COVID-19) y se consolidó el concepto de seguridad multidimensional, que integra lo militar con lo económico, energético, migratorio y ambiental, junto con el auge del multilateralismo selectivo y las coaliciones ad hoc. Este período afianzó la idea de que la seguridad ya no dependía solo de fronteras y ejércitos, sino también de la resiliencia de sistemas globales interconectados. Hoy, sin volver exactamente al modelo de la Guerra Fría, se observa un reciclaje del paradigma realista: competencia entre potencias, tratos transaccionales, proteccionismo y debilitamiento de las instituciones multilaterales. De este modo, el análisis enlaza directamente con la pregunta anterior.

3. I.A.: ¿Cree que estamos ingresando en una nueva etapa de bipolaridad entre Estados Unidos y China o en un sistema multipolar más complejo?

R.B.: El debate se centra en si predomina una bipolarización o una fragmentación más amplia, en la que múltiples actores —incluidas potencias intermedias— disponen de mayor agencia, es decir, un orden más complejo, híbrido y en transición. Los realistas observan un estrechamiento de la brecha de poder entre Estados Unidos y China, al tiempo que se amplía la distancia respecto de cualquier tercer actor. En otras palabras, una dinámica de bipolarización impulsada por el estrechamiento de la brecha de poder, una competencia bipolar asimétrica y lo que algunos denominan la 'trampa bipolar', que reduce el espacio para la autonomía estratégica de terceros países. Otras perspectivas destacan, en cambio, un sistema más complejo o 'multiplex'. Estos analistas rechazan la noción de una bipolaridad pura y enfatizan la difusión de poder, la fragmentación y la emergencia de múltiples centros de influencia. En síntesis, cabría afirmar que en tecnología y en la rivalidad estratégica principal predomina la dinámica bipolar (EE.UU. versus China), mientras que en comercio, diplomacia y asuntos regionales prevalece una mayor multipolaridad, con roles crecientes de India, la UE, ASEAN, Brasil y otros actores.

4. I.A.: ¿Qué impacto tienen las guerras en Ucrania y Medio Oriente sobre América Latina y cuál debería ser el posicionamiento estratégico de Argentina frente a la competencia entre las grandes potencias?

R.B.: Las guerras en Ucrania y Medio Oriente generan impactos económicos mixtos y geopolíticos significativos en América Latina, que no son simétricos: algunos crean oportunidades para los exportadores de commodities, mientras que otros agravan vulnerabilidades fiscales, inflacionarias y sociales. Argentina cuenta con un margen de agencia, aunque limitado por su tamaño, su dependencia económica y sus fragilidades macro-históricas. Debería adoptar un posicionamiento pragmático y diversificado, no dogmático. Alinear con Estados Unidos en lo político-estratégico puede ser racional en este contexto, siempre que se preserve la soberanía nacional, no se sacrifique el margen económico con China ni se descuide la integración regional. El objetivo central debe ser maximizar la autonomía estratégica posible en un orden en transición, aprovechando el perfil exportador de Argentina para ganar resiliencia ante shocks externos como los generados por estas guerras. Para ello, no viene mal combinar pesimismo de corto plazo con optimismo de largo plazo. Dos cuidados indispensables: la inclinación del gobierno actual por la sobreactuación con actores de reparto, y la creencia en una supuesta “grandeza por contigüidad”, es decir, la idea de que basta sacarse una foto con alguien poderoso y llamarlo “Donald” para absorber, por esa vía, poder real.

5. I.A.: ¿Considera que América Latina ha logrado desarrollar una estrategia común frente a las amenazas transnacionales contemporáneas? ¿Qué importancia tienen las estadísticas en materia de seguridad?

R.B.: Son dos preguntas que no están relacionadas. Empiezo por la segunda. Las estadísticas no son suficientes por sí solas porque la seguridad también depende de voluntad política, calidad institucional, cultura ciudadana y factores socioeconómicos, pero son indispensables. Sin ellas se gobierna a ciegas, se gastan recursos ineficientemente y se pierde legitimidad. La clave está en datos confiables, auditables, oportunos y transparentes, complementados con análisis cualitativos serios. Un país serio invierte en su sistema estadístico de seguridad como inversión en gobernabilidad. En cuanto a la primera, hay retórica regional y cooperación táctica, pero no una planificación estratégica común madura. Esto deja a la región más vulnerable ante amenazas transnacionales que, por definición, no respetan fronteras. Países como Argentina, con fortalezas en inteligencia o recursos, podrían jugar roles constructivos en subgrupos pragmáticos, pero el éxito dependerá más de capacidades nacionales sólidas que de grandes declaraciones colectivas. En cualquier caso, con la excepción de Brasil y parcialmente de México, son pocos los países de América Latina que vean a la comunidad con paciencia estratégica.

Narcotráfico y lucha contra las drogas

6. I.A.: Durante su gestión en SEDRONAR impulsó una mirada diferente sobre las políticas de drogas. ¿Qué balance realiza hoy de aquella experiencia?

R.B.: Creo que las ideas fueron acertadas, tanto como que no me pertenecían. Encontré un grupo muy valioso de profesionales y mi trabajo consistió solo en tratar de que sus capacidades pudieran materializarse. El organismo tenía una vocación por los espacios más vulnerables, por la cooperación multilateral, y por la cuantificación de los fenómenos mediante estadísticas, todas iniciativas correctas en cuanto a modos de abordar el problema. Pasó más de una década desde entonces, y el transcurso del tiempo es un elemento que debe ser tomado en cuenta. Dicho esto, valoro aquella experiencia como algo positivo y si existiera la posibilidad de hacer un viaje al pasado, como en la novela "Un yanqui en la corte del rey Arturo" de Mark Twain, me gustaría encontrarme con aquellos funcionarios públicos, para proponerle hacer mejor las mismas cosas.

7. I.A.: ¿Qué errores y qué aciertos identifica en la estrategia argentina contra el narcotráfico durante las últimas dos décadas?

R.B.: No existe una estrategia argentina única y coherente contra el narcotráfico en las últimas dos décadas, sino una serie de enfoques que variaron según el gobierno, con vaivenes ideológicos y falta de continuidad del Estado. Argentina es principalmente un país de tránsito de cocaína hacia Europa, a través de puertos como Buenos Aires y Rosario, con un consumo interno creciente y un microtráfico que genera violencia localizada, especialmente en Rosario. Ha mejorado su capacidad de “pescar peces”, que son las incautaciones, pero sigue teniendo serias dificultades para “secar el estanque”, o sea para desmantelar estructuras, controlar el dinero y reducir la demanda. Los errores más estructurales son la ausencia de continuidad, la debilidad institucional que deriva de la corrupción, el enfoque desequilibrado con demasiado énfasis en oferta y poco en demanda, lavado y prevención, y la falta de una verdadera estrategia integral de largo plazo. Como se decía cuando yo era chico, vamos de la cuarta al pértigo, de aquí para allá, y así no hay modo.

8. I.A.: ¿Cómo evalúa la evolución del narcotráfico en la región y en la Argentina en particular?

R.B.: En la región, el narcotráfico está en expansión y transformación, porque hay más producción, más actores, más diversificación. En Argentina hay mejoras operativas notables en incautaciones récord y operativos contra bandas, pero el problema se ha internalizado más en consumo + violencia focalizada, y persisten debilidades estructurales. Hasta donde sé, ningún país de la región ha logrado revertir la tendencia de fondo solo con enfoques represivos. Una evaluación seria requiere mirar más allá de las incautaciones, que pueden subir por más oferta o mejor detección, y analizar impacto real en reducción de oferta, demanda, violencia y capacidades criminales.

9. I.A.: Usted sostuvo la necesidad de distinguir entre consumidor y crimen organizado. ¿Cree que ese enfoque sigue siendo válido en el contexto actual?

R.B.: La idea no es mía, sino de las lecturas y las experiencias. No es “de” una sola persona, sino un consenso de la política de drogas basada en evidencia, lo que se llama “enfoque sanitario versus enfoque exclusivamente punitivo” (health approach vs. pure law enforcement). En Argentina, es defendida con mayor énfasis por sectores vinculados a la salud pública, frente a posturas más punitivas que priorizan la seguridad. Es absolutamente válido en este contexto, como fue absolutamente válido en el contexto de 2011-2013.

10. I.A.: ¿Qué lecciones deberían aprender Argentina y la región de las experiencias de México, Colombia y Centroamérica en la lucha contra los carteles?

R.B.: Aprender de las lecciones no siempre quiere decir hacer lo mismo; a veces, enseñan lo que no hay que hacer. Gobernar no significa ceder ante las inclinaciones personales, sino elegir las que benefician a las mayorías. En lo personal y dentro de ese marco, de México aprendí cosas valiosas sobre cómo ser un interlocutor útil para los órganos federales de Estados Unidos en territorio nacional, o sea, intercambiar con ellos con respeto y utilidad para la República Argentina. En cuanto a Colombia, el modo con qué investigaban el origen y las funciones de los precursores químicos nos sirvió de mucho. En comparación con Argentina, más país de tránsito hacia Europa, Centroamérica sufre mucho más la violencia directa por ser ruta hacia el principal mercado consumidor, los EE. UU. Centroamérica combate activamente el narcotráfico, especialmente con apoyo estadounidense, pero su rol geográfico como corredor de tránsito hace que el problema sea estructuralmente muy difícil de resolver solo con represión. Los enfoques más exitosos en reducción de violencia, como en El Salvador, han sido autoritarios, mientras que los más institucionales, como Costa Rica, son menos violentos sin eliminar el flujo.

11. I.A.: ¿Es posible combatir eficazmente el narcotráfico sin abordar simultáneamente la exclusión social, la corrupción, el lavado de activos y el control de las fronteras?

R.B: No, es imposible.

Nuevas amenazas a la seguridad

12. I.A.: Entre el narcotráfico, el terrorismo, el crimen organizado transnacional, los ciberataques y la desinformación, ¿cuál considera hoy la amenaza más relevante para Argentina?

R.B.: Hoy la combinación narcotráfico + crimen organizado transnacional es la amenaza más relevante para Argentina, por su impacto directo en seguridad, instituciones y tejido social. Las otras, especialmente el ciberataque, son crecientes y deben tratarse con seriedad, pero no superan en urgencia al problema narco-criminal. Dicho esto, en lo personal, recuerdo que no hay que poner todos los huevos en la misma canasta, siempre que se pueda.

13. I.A.: ¿Cómo están impactando las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y las criptomonedas en las redes criminales globales?

R.B.: Mi hijo mayor, Laureano, es especialista en criptomonedas, de manera que trato de estudiar la materia para estar en condiciones de hablar con él del tema. Sólo por charlas y lecturas, sé que las nuevas tecnologías han empoderado a las redes criminales globales al hacer sus operaciones más eficientes, anónimas y rentables, especialmente cripto y IA. Sin embargo, también han creado nuevas vulnerabilidades que las autoridades están empezando a explotar con éxito, como el análisis de blockchain, IA defensiva, y cooperación internacional. El resultado es una carrera armamentista tecnológica constante. Las organizaciones criminales más avanzadas y algunos Estados están sacando ventaja en el corto plazo, pero la trazabilidad digital y la cooperación entre países están permitiendo golpes cada vez más grandes. Es útil leer la última encíclica de León XIV sobre la Inteligencia Artificial se llama Magnifica Humanitas, firmada el 15 de mayo de 2026 y publicada el 25 de mayo de 2026.

14. I.A.: ¿Están nuestros países preparados institucionalmente para enfrentar amenazas híbridas que combinan crimen organizado, ciberdelito, desinformación y operaciones de influencia?

R.B.: Si con nuestros países nos referimos a los sudamericanos, diría que ni siquiera están preparados para conformar una unidad. Bolívar quería una América más unida políticamente, una confederación fuerte; San Martín quería una América de naciones independientes pero hermanadas, sin una unión forzada. De esas cosas se discutió en 1822, en la entrevista de Guayaquil. Hoy, apenas si lo hablamos. Enfrentar amenazas híbridas, que combinan crimen organizado, ciberdelito, desinformación y operaciones de influencia, requerirían un esfuerzo conjunto difícil de pronosticar favorablemente.

Seguridad interior y Fuerzas Armadas

15. I.A.: Uno de los debates más intensos en Argentina es la participación de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcotráfico. ¿Cuál es su posición sobre este tema? ¿Cree que deberían remarcarse los límites entre Defensa Nacional y Seguridad Interior o son suficientes los que existen?

R.B.: Como en tantas otras materias, el problema doméstico no consiste en la falta de normas, sino en el incumplimiento de las existentes. En Argentina, el principio clave es que las Fuerzas Armadas no pueden participar en tareas de seguridad interior salvo en situaciones excepcionales, como catástrofes, emergencia grave declarada por el Presidente, y siempre bajo control civil. Es el juego entre la defensa nacional, regulada principalmente por la Ley 23.554 de Defensa Nacional de 1988, con reformas posteriores, y la seguridad interior, regulada por la Ley 24.059 de Seguridad Interior de 1992, y decretos complementarios, como el 727/2006. Los límites son claros. En nuestra patria, hay individuos que prefieren discutir el número de desaparecidos olvidándose de que la bifurcación defensa y seguridad se debe a los crímenes cometidos por la dictadura gobernante desde 1976 a 1983. Tuve el honor de participar en una Comisión creada por la intervención en la que se modificaba la ley nacional mediante un proyecto destinado a ser elevado por el Poder Ejecutivo al Congreso, cosa que no sucedió. No es que el odre esté viejo: es que el vino ya era leyenda cuando brindaban los dinosaurios; el vino nuevo necesita odres nuevos, porque el vino fermenta. Es como si se nos diera más fácil discutir que materializar, hablar antes que concretar.

16. I.A.: Si hoy tuviera que diseñar una política integral de seguridad para Argentina, ¿cómo articularía el trabajo entre Fuerzas Armadas, fuerzas de seguridad, inteligencia criminal, sistema judicial y cooperación internacional para enfrentar el crimen organizado transnacional?

R.B.: Contestar con seriedad semejante pregunta, llevaría algo más que esta entrevista. Si se me encargara ese trabajo, comparable con alguno de los de Hércules, como el lavado de los establos de Augias, empezaría con algunas preguntas conocidas, a condición de que la respuesta fuera, ¡por fin!, definitiva. Por ejemplo: el espionaje ilegal, las operaciones políticas encubiertas, y el uso partidario de los servicios de inteligencia, ¿son o no son los sótanos de la democracia? ¿Tenemos o no tenemos la decisión irreversible de terminar para siempre con los sótanos de la democracia? Cada uno de los sectores mencionados tendría una pregunta esencial, cuya respuesta debería ser final, indefectible; de otro modo, no tiene sentido esforzarse. La presentación de una nueva estructura institucional para el sistema integral de seguridad exige algunas explicaciones de contexto, ya que no se trata solamente de dejar atrás un funcionamiento anómalo, ineficiente, obsoleto y, muchas veces, ilegal, sino de dotar al país de una herramienta indispensable para mejorar la calidad de las decisiones, en el contexto de la configuración de las relaciones internacionales y la preservación de sus intereses en un mundo en transformación. El rey Augias, rey de Élide, tenía establos gigantescos con más de 3.000 bueyes que no habían sido limpiados en 30 años; Euristeo, quien encargaba las tareas a Hércules, le ordenó limpiarlos en un solo día. Hércules lo logró desviando los ríos Alfeo y Peneo. No tenemos aquellos reyes, ni esos ríos, ni a Hércules; sólo nos quedaron los establos.

17. I.A: Después de haber sido Canciller, diputado, Embajador, titular de SEDRONAR, y presidente de una importante corporación, ¿qué consejo les daría a quienes trabajan en las temáticas: seguridad, relaciones internacionales y gestión pública?

R.B: No doy consejos. Es mi modo de respetar.

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